La procesión del Señor de los Milagros de Nazarenas se realiza tradicionalmente en el mes de octubre. Se traslada en procesión desde el Monasterio de las Nazarenas al mediodía del primer sábado de octubre e ingresa al Santuario de las Nazarenas en la noche.
Posteriormente el Cristo de Pachacamilla recorre la ciudad de Lima los días: 18, 19 y 28 de octubre.
Finalmente, su último recorrido procesional se realiza el 1 de noviembre en el que la imagen sale del Santuario de las Nazarenas e ingresa al Monasterio hasta el año siguiente.
Cuando llega el mes de octubre, empiezan las celebraciones en distintas partes del Perú y el mundo. La venta de turrón se apodera de las calles y los fieles acuden a la procesión vestidos de morado, listos para acompañar al también conocido Cristo de Pachacamilla, Señor de los Temblores o Cristo Moreno.
LA HISTORIA DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS:
La llegada de los esclavos negros al Perú se remonta al año 1528, pero alrededor del año 1650, los negros angolas, que trabajaban como esclavos en la zona de Pachacamilla, se asociaron y levantaron su cofradía en dicho lugar.
En una de las paredes de adobe de la cofradía, un esclavo negro natural de Angola y de nombre Benito dibujó la imagen de Cristo Crucificado sin haber tenido estudios de pintura o conocimientos sobre el tema. Simplemente lo hizo por su inmensa devoción a Cristo.
Cabe mencionar que la imagen fue hecha en una pared tosca y pintada cerca de una acequia de regadío. No tenía un acabado perfecto, pero era la pintura que los esclavos angolas adoraban en sus ratos libres y le atribuían varios milagros.
El 13 de noviembre de 1655, cinco años después de haberse creado la cofradía, alrededor de las 14:45 horas, un fuerte terremoto azotó Lima y Callao. El desastre natural trajo consigo el derrumbe de mansiones, casonas, templos, y dejó pérdidas humanas y numerosos damnificados.
La cofradía estaba hecha de adobe y, como era de esperarse, todas las paredes del recinto se derrumbaron menos una. La pared donde se dibujó a Cristo quedó intacta, sin ningún tipo de resquebrajamiento, a pesar de ser una pared débil y sin mucha fuerza para soportar el violento movimiento telúrico.









